AJDABIYA.  “¿Dónde está Sarkozy?” Preguntan los rebeldes tras cada explosión. En 72 horas los hombres de Gadafi han recuperado el terreno perdido y ya están a las puertas de Ajdabiya. El frente revolucionario es una serpiente multicolor de furgonetas aparcadas a ambos lados de la carretera con voluntarios sentados a la sombra. A medida que el sonido de las explosiones se hace más próximo, encienden los motores de los vehículos y retroceden unos kilómetros. Conducir en dirección al frente significa detenerse en varias ocasiones para responder a las preguntas de los milicianos confusos, cansados y temerosos que quieren saber cómo están las cosas antes de avanzar, muchos no tienen vehículo y caminan por el desierto hasta llegar a una posición amiga. La alianza no bombardea con la intensidad de hace una semana y eso se nota sobre el terreno.

En la radio la emisora ‘Libia Libre’, que emite desde Bengasi, trata de mantener el ánimo alto de las tropas intercalando canciones patrióticas con entrevistas a antiguos colaboradores del ministro de Exteriores huido a Londres, Musa Kusa, donde se aportan todo tipo de detalles personales del antiguo jefe de los servicios secretos, un tema tabú hasta el pasado 17 de febrero. “Una vez entré en su granja y allí se podía circular a 160 kilómetros por hora por su carretera privada, era enorme”, recuerda un ex funcionario que critica la gran fortuna amasada por el antiguo jefe de la diplomacia libia.

La primera línea de combate se estableció a menos de cuarenta kilómetros de Ajdabiya, enclave estratégico que tiene la llave de la capital rebelde. Los milicianos, por tercer día consecutivo, fueron perdiendo terreno minuto a minuto frente unas fuerzas gadafistas que vuelven a controlar los complejos petroleros de Ras Lanuf y Brega. En la entrada a esta última localidad Suleyman se arreglaba la barba y reflexionaba en voz alta sin soltar sus dos Kalashnivovs, “sólo Dios sabe lo que va a pasar, estamos en sus manos, en las de nadie más”. Habla a las puertas de una mezquita en la que los voluntarios rezan antes de entrar en combate. Suleyman no quiere fotos, lo mismo que su compañero Mohamed, dos figuras con una estampa de auténticos muyahidines afganos, pero con unos kilos de más.

La serpiente rebelde se estira hacia atrás siguiendo la línea continua que divide el asfalto. Sólo los más valientes se aventuran a las dunas para intentar ampliar las posiciones de fuego y abrir las líneas, el resto está más preocupado por salir corriendo y se convierte en un blanco sencillo para la artillería enemiga. Mientras el frente se venía abajo, el portavoz del Consejo Nacional rebelde, Ahmad Bani, ofrecía una rueda de prensa en Bengasi para pedir “armas con las que se puedan destruir tanques y artillería de 155 mm. Es una fuerza muy preparada con armamento pesado y altamente mecanizada”. Bany añadió además que las tropas de Gadafi están apoyadas por “entre 3.200 y 3.600 soldados de la Guardia Republicana chadiana” que son los que habrían hecho posible el contraataque de los últimos días.

Ciudad fantasma
En Ajdabiya conocen muy bien la fragilidad del Ejército revolucionario y por eso se preparan para una nueva agresión gadafista. Las calles están desiertas, los comercios que en los últimos días habían reabierto han cerrado de nuevo sus persianas y en el hospital almacenan medicinas para soportar un nuevo cerco. “El frente está cada vez más cerca y eso se nota. Hemos recibido ocho muertos en 48 horas, de ellos siete miembros de una misma familia fallecidos a causa del impacto de un cohete de las fuerzas de Gadafi en su casa de Arghub (cerca de Brega)”, asegura el doctor Saleh Beheiri, que como hizo en el pasado reciente no piensa moverse de Ajdabiya “pase lo que pase”. – See more at: https://www.mikelayestaran.com/ver-media.php?id=62&lugar=18#sthash.zTwzb7Up.dpuf