SANAA. Alí Abdulá Saleh sigue jugando su particular partida con la oposición y la comunidad internacional. Pese a su enésima marcha atrás a última hora del sábado, la crisis yemení volvió a ser protagonista durante toda la jornada de ayer de intensas negociaciones en Riad, capital de Arabia Saudí, donde los ministros de Asuntos Exteriores del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico (CCG) encargaron a su secretario general, Abdul Latif Zayani, la misión de regresar a Saná, en fecha no precisada, con la misión de “eliminar todos los obstáculos que aún se mantienen” para la firma del pacto que estipula la renuncia del presidente ante el Parlamento en un plazo de treinta días y la posterior convocatoria de elecciones en dos meses.

“Realmente necesitamos esa firma porque de lo contrario no hay tiempo de celebrar elecciones antes de ramadán y todo el proceso se dilataría en exceso dejando la puerta abierta a serios conflictos internos”, destacaba a media tarde un diplomático europeo inmerso en un proceso negociador en el que la Unión Europea y Estados Unidos van de la mano del CCG, integrado por Arabia Saudi, Kuwait, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Baréin.

No aceptaremos de ninguna manera la inmunidad. La comunidad internacional está negociando sin tener en cuenta al pueblo yemení y nosotros lo que pedimos es justicia. Aunque Saleh salga en estas condiciones, no levantaremos nuestro campamento”, asegura el abogado y activista de los derechos humanos, Khaled Al Anesi. El corazón de la revuelta se encuentra desde hace tres meses a las puertas de la universidad de la capital yemení en una plaza rebautizada como “plaza del cambio” y en al menos quince calles aledañas donde se reparten miles de tiendas de campaña en un modelo de protesta pacífico muy parecido al egipcio.
A unos veinte minutos caminando está la plaza de Tahrir en la que los partidarios de Saleh, en inferioridad numérica, mantienen también su particular acampada para mostrar su apoyo a la persona que les ha liderado los últimos 32 años. Saná es una ciudad dividida, pero tomada por las fuerzas de seguridad leales al presidente que han multiplicado los puestos de control en las arterias principales.

La revolución está pasando factura a una capital sin prácticamente abastecimiento de gas desde inicios de marzo, con cortes de luz permanentes y con escasez de gasolina desde el sábado, lo que provoca largas colas en las gasolineras. “Se trata de una estrategia más de Saleh para que los indecisos nos den la espalda. El objetivo es señalar a los revolucionarios como los culpables de esta falta de energía, pero en realidad son sus tribus leales las que han cortado el suministro desde las provincias”, defiende Khaled Al Anesi que trata de mantener el espíritu alto entre los manifestantes. A pesar del paso del tiempo y a las bajas provocadas por los disparos de las fuerzas de seguridad, al menos 150, la acampada sigue firme y algunos aspiran a extender el campamento “hasta las puertas de la residencia presidencial” para aumentar la presión.