TEHERÁN. Los muros de la embajada de Estados Unidos en Teherán tienen pintadas frescas que rezan “Abajo con los EEUU”, el viejo eslogan revolucionario que, pese al acuerdo nuclear y al deshielo entre Teherán y Washington, sigue vigente entre el sector más conservador del régimen. Mañana los iraníes acuden a las urnas para elegir un nuevo parlamento y una nueva Asamblea de Expertos y el enfrentamiento con el ‘Gran Satán’ parece parte de un pasado lejano. La cita se presenta como un referéndum sobre el presidente Hasán Rohani y su política de acercamiento a Occidente. Algo que llevó a reaccionar al Líder Supremo, Alí Jamenei, que quiso apaciguar el ambiente frentista que se respira en las calles entre las dos corrientes políticas iraníes y aseguró que “la estructura política de la república islámica otorga la misma naturaleza tanto a radicales como a moderados” y “ambos grupos seguirán una línea común de oposición a la hegemonía occidental”.

En Teherán ha calado la petición del Líder para acudir a votar en masa, pero “no tanto por mostrar el respaldo al sistema como para otorgar el mayor número de asientos al sector más aperturista”, matiza Harbone Salahshuri, parte del ejército de jóvenes que reparten propaganda pro reformista en las calles. Pero una cosa es la capital y otra el resto del país, como se ha visto en anteriores comicios. La economía centra el debate de unos ciudadanos que se muestran “cansados de promesas, queremos ver hechos, que los beneficios de ese pacto nuclear se sientan en las calles y pronto”, señala Milad Nezamabadi, dueño de un comercio en el centro de la capital que votó por Rohani en 2013 y ahora lo hará por los candidatos reformistas al parlamento.

Los números del presidente y de su equipo económico “muestran estabilidad. El rial permanece estable y la inflación se ha reducido del 40 al 19 por ciento. Confío en que una victoria reformista sirva para que, teniendo al parlamento de su lado, el Gobierno sanee la economía y solucione los errores heredados de la anterior administración”, confiesa Hamid Reza Ramezani, dueño de la casa de cambio Toos, una de las más antiguas de la calle Ferdosi, epicentro del cambio de divisa en Teherán. Ya no hay largas colas en estas casas de cambio para comprar moneda extranjera como ocurría en la segunda legislatura de Mahmoud Ahmadineyad. Los conservadores dan la vuelta al argumento de la mejoría de la situación derivada del pacto nuclear y dicen que el país sigue inmerso en un periodo de recisión y que Rohani miente para ganar votos.

Delegaciones internacionales diarias
Los comercios viven estos días su temporada alta porque se acerca el Nowruz (año nuevo persa) y las calles de la capital están repletas. La campaña electoral ha durado apenas una semana, pero se han empapelado las principales arterias con las fotos de los 6.229 candidatos que compiten por los 290 puestos del parlamento, la cifra más alta de la historia electoral de la república islámica pese a que más de la mitad de los candidatos, la mayor parte reformistas, fueron descalificados. En Irán para poder presentarse a las elecciones hay que superar el filtro del Consejo de Guardianes, órgano en manos del sector más conservador. Conforme uno asciende hacia los barrios más ricos de Teherán se reduce el número de carteles y florecen edificios de lujo y comercios de las primeras marcas mundiales.

Meysam Bizar es administrador de mercados globales de la empresa Mofid Securities, la principal firma de agentes de bolsa del país. Perfectamente trajeado y con un inglés aprendido en sus largos años de vida en Nueva York, insiste en “el enorme impacto del acuerdo nuclear en nuestra economía. Recibimos delegaciones internacionales cada día, Irán es un país que ofrece márgenes de beneficio mucho mayores que otros”. No quiere hablar de política pero está seguro de que “si seguimos con la apuesta reformista seguirá la tendencia ascendente y aun más extranjeros se animarán a invertir. Respiramos un ambiente de optimismo y este es un país ahora estable y seguro, único caso en la región”.

Los ciudadanos de a pie quieren ver las consecuencias del acuerdo nuclear en sus bolsillos, algo que ya ha experimentado Ali Akbar Alizadeh, quien “después de muchos años he exportado las primeras alfombras a EEUU. Confiamos en que con el levantamiento de las sanciones los costes se van a reducir y bajarán los precios, con lo que será más fácil la venta”. Lleva 28 años en uno de los sectores más simbólicos del país y piensa que “ya no hay vuelta atrás, el camino iniciado por el Gobierno debe continuar porque no se puede vivir a espaldas del mundo”. La opinión de este veterano empresario la comparte Amin, abogado de 32 años graduado en Londres  que acusa a los conservadores de “romper nuestros vínculos con el mundo. Calculo que el 80 por ciento de los iraníes apoyamos el cambio en el parlamento, pero ellos tienen armas y dinero por lo que cualquier cosa es posible como se vio en las elecciones presidenciales de 2009. Necesitamos de verdad un parlamento más flexible que refleje el sentir de la calle y nuestras ganas abrirnos a Occidente”.