ESTAMBUL. Tras ocho días de ataques y descalificaciones a los manifestantes turcos, Recep Tayyip Erdogan moderó por primera vez su discurso y se mostró dispuesto a admitir “demandas democráticas”. El primer ministro compartió foro con el comisario europeo de Ampliación, Stefan Füle, y varió las formas respecto a lo anunciado pocas horas antes, durante el recibimiento multitudinario que le prepararon más de diez mil seguidores de madrugada en el aeropuerto internacional de Estambul. Turquía pudo ver las dos caras de Erdogan, el líder sin fisuras ante sus incondicionales que prometió “parar las protestas”, y el dirigente diplomático que en presencia de un enviado de la UE hizo autocrítica y se mostró abierto a las peticiones de los ciudadanos si estas se desarrollan “sin terrorismo, violencia, vandalismo y acciones que amenazan a otros en nombre de las libertades”.

Fue un cambio de formas, pero no de fondo ya que mantiene los planes de construcción de un centro comercial en el parque Gezi del centro de Estambul porque “se presentaron en público antes de las elecciones y nadie hizo objeciones. Los turcos nos votaron para ponerlos en práctica”. Este proyecto fue el germen de una protesta ecologista por la defensa del último espacio verde en la zona, que ha derivado en un pulso de más de una semana al Gobierno tras la brutalidad de las fuerzas del orden. Al menos cuatro personas han perdido la vida, entre ellas un policía, y hay miles de heridos en todo el país.

Reprimenda de la UE
Además del malestar de parte de la población, Erdogan tuvo que aguantar la reprimenda del enviado de la UE que aseguró que “las manifestaciones pacíficas constituyen una vía legítima para que estos grupos expresen sus opiniones en una sociedad democrática. El uso excesivo de la fuerza por parte de la Policía contra estas manifestaciones no cabe en una democracia”. Füle pidió también lo mismo que desde hace días solicitan organismos como Amnistía Internacional, “que se lance una investigación de forma rápida y transparente” y “se lleve a los responsables a responder por ello”. Un mensaje similar al enviado por la canciller Angela Merkel desde Alemania que pidió al primer ministro turco “que se discutan los problemas con los jóvenes del país, y que no se ejerza la violencia contra los manifestantes”.

El dirigente turco se defendió acusando a los “amigos extranjeros, en especial a la prensa extranjera” de tratar los acontecimientos “desde una perspectiva ideológica” y desvió la atención poniendo sobre la mesa el proceso de adhesión a Europa que “no está en proporción directa con los pasos dados por Turquía en los últimos 10 años. ¿Por qué se enfrenta Turquía a obstrucciones injustas? ¿Por qué está inventando la UE criterios no existentes para Turquía?

Todo tipo de respuestas

En la plaza Taksim y el parque Gezi los mensajes de Erdogan tuvieron un impacto directo. Entre los mil grupos presentes en esta especie de república independiente dentro de Turquía hay mil demandas diferentes al Gobierno y también diferentes formas de respuesta. Duygu Ergen, profesora y miembro del partido de ultra izquierda ‘Partizan’, desconfía del primer ministro y advierte a las fuerzas del orden de que “llevamos días preparando piedras, cócteles molotov y reforzando las barricadas. Si envían a la Policía de nuevo tendrán guerra”. Una postura opuesta a la de Chris Chadez, profesor de yoga de Los Ángeles que organizó una macroclase al aire libre en respuesta a Erdogan. “La violencia solo nos lleva a una mayor separación entre las partes, es mejor la resistencia pacífica”, piensa Chris que da instrucciones con un megáfono para poder llegar a todos sus alumnos.

A Hamsa Yildir , ingeniero de 45 años de Estambul, lo que más le preocupa es que “no queremos ser una colonia de Estados Unidos o de la Unión Europea. Erdogan es una opción agotada y necesitamos un nuevo representante”. Una petición de dimisión que se repite en los cánticos que resuenan entre los árboles de este pequeño parque convertido en zona de acampada, “que es el último reducto de nuestras libertades personales, si perdemos está será como dar luz verde al Gobierno para que introduzca todas las reformas que quiera para coartar nuestras libertades personales”, piensa Utku Adanur, promotor de conciertos que alerta de los intentos de las autoridades de “dividir a los manifestantes, la única forma de acabar con esta protestas”. Un riesgo real debido a lo antagónico de algunos grupos a los que solo une la lucha contra Erdogan, el enemigo común.