La guerra contra el terrorismo la lanzó George Bush en respuesta a los ataques del 11S y doce años después lo que hace Barack Obama es aplicar las leyes aprobadas por su predecesor. Hasta ahora Estados Unidos había optado normalmente por eliminar a sus enemigos a base de ataques con aviones no tripulados o a tiro limpio como en el caso de Osama Bin Laden, pero este fin de semana la estrategia ha variado.

En los casos de Abu Anas Al Liby y del keniano Abdikadar Mohamed Abdikadar, que finalmente logró escapar, la orden era cogerles vivos.

Al Liby permanece desde el sábado en un buque de guerra en el Mediterráneo donde se le interroga antes de llevarle a Nueva York para que comparezca ante la Justicia. Estados Unidos se ampara en la denominada ‘ley de guerra’ que permite el uso “de la fuerza militar” para para perseguir a cualquier grupo terrorista relacionado con Al Qaeda y con cualquier otro acto terrorista.

Esta ley se ha aplicado con otros presuntos terroristas y se ha empleado el mismo modus operandi. Las fuerzas especiales violan la soberanía de una nación pobre  o/y desestructurada cuyo gobierno poco puede hacer ante la acción de la mayor potencia del planeta. No ocurre lo mismo cuando estos hombres perseguidos por la ley estadounidense se encuentran en países del primer mundo.

Libia se enfrenta ahora mismo a una situación que viven los gobiernos de Pakistán o Yemen. Cuando EEUU decide actuar de esta forma normalmente trata de ganarse previamente el favor del Ejército o de los grupos paramilitares más importantes de cada país y después da el paso. Los políticos de turno, cuyos poderes apenas van más allá de los muros de los palacios presidenciales, están maniatados y solo les queda emitir condenas con la boca pequeña.

Las autoridades libias hablan de “secuestro” e insisten en que sus ciudadanos deben ser juzgados en territorio libio, pero nadie les hará caso. Ahora se enfrentan a la respuesta de los seguidores de Al Liby que les ven como los colaboradores que abrieron la puerta a los americanos para cazar a su líder. Respuesta que desestabilizará aún más la débil autoridad de Trípoli.

Si se miran los datos de los últimos 12 años el  precio más alto  en vidas humanas de esta guerra contra el terror lo pagan los países en los que Estados Unidos caza a sus terroristas más buscados. Para los grupos armados es mucho más fácil golpear en Islamabad, Sana o Trípoli que en la Gran Manzana.

*Análisis para Radio Euskadi del 8-10-2013