De ‘Los versos satánicos’ de Salman Rushdie a la matanza de Charlie Hebdo han pasado 26 años. La obra de Salman Rushdie le puso en el punto de mira de los sectores más ortodoxos del Islam, pero la protección del gobierno británico, que le premió con el título de ‘sir’, le ha servido para seguir vivo después de que el Imam Jomeini emitiera una fatua pidiendo su cabeza. En Charlie Hebdo no han tenido la misma suerte. La venganza ha caído con toda la dureza posible en la redacción de un semanario que en 2006 reabrió la herida abierta por los versos de Rushdie y que desde entonces no ha dejado de sangrar. Las voces oficiales del Islam en Occidente, como la del presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM) y rector de la Gran Mezquita de París, Dalil Boubakeur, condenaron de forma inmediata “en nombre de los musulmanes” de Francia el “horror del crimen” y aseguraron que “es inútil ver en ello una connotación religiosa”. El problema es que hace tiempo que estos líderes han perdido el control sobre una parte de su comunidad que, en ocasiones, no comparte los métodos, pero justifica este tipo de acciones como respuesta a lo que consideran agresiones que sufre el Islam, en forma de caricaturas del Profeta o leyes contra el hyjab, y los países musulmanes, con las invasiones de Irak y Afganistán, ataques de aviones no tripulados en Yemen y Pakistán… Unas agresiones amplificadas a través de las redes sociales por grupos como el Estado Islámico que, como Al Qaeda, incitan a la yihad doméstica, a la guerra santa de cada musulmán en su lugar de residencia contra los infieles que les rodean.

Los doce muertos de París se suman a las víctimas de las protestas y las oleadas de ataques contra intereses occidentales que se repiten en los últimos años después de la publicación de libros como el de Rushdie, las viñetas en el periódico danés Jyllands-Posten, las caricaturas de Charlie Hebdo y películas como ‘La inocencia de los musulmanes’. La exhibición de esta cinta calificada de “blasfema” en septiembre de 2012 provocó asaltos a legaciones de Estados Unidos y Reino Unido en diferentes países, el más sangriento en el consulado estadounidense en Bengasi (Libia) donde murieron el embajador, Christopher Stevens, y otros tres empleados de la misión diplomática. Fue el último episodio sangriento de esta particular aplicación de la ley del talión de los sectores más radicales cuando sienten que se atenta contra la figura del Profeta, una línea roja marcada con sangre.

Rushdie sigue vivo, pero desde 2012 su cabeza vale 3,3 millones de dólares (2,1 millones de euros al cambio). La fundación religiosa iraní ’15 Khordad’ decidió aumentar en medio millón (380.000 euros) la cantidad original fijada tras la fatua -edicto religioso- emitida por Jomeini en 1989. ¿La causa de esta última subida de la recompensa que ya había sufrido modificaciones anteriores? El autor de ‘Los versos satánicos’ tendría la culpa de los ataques contra la figura del Profeta según Hasan Sanei, director de esta organización. El religioso confesó al periódico ‘Jomhuri Islami’ que «hasta que no se consume la fatua contra el apóstata de Rushdie, no habrá un último insulto. Si ya se hubiera cumplido no habríamos sufrido las caricaturas, los artículos y la película».

 

*Publicado en los medios de Vocento el 07-01-2015