El repliegue de 2014 ha llenado de incertidumbre la vida en Afganistán y el propio Hamid Karzai es víctima de este sentimiento. En la rueda de prensa conjunta que ofreció con el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen,  eclipsó sus palabras de admiración sobre las fuerzas afganas al sugerir la posibilidad de adelantar las elecciones presidenciales a 2013. “Podemos adelantar a 2013 el proceso de transición y de regreso de las fuerzas internacionales a fin de concluir plenamente el resto de la agenda en 2014, con menos cosas por hacer, o podemos permitir que el proceso de transición se complete en 2014 y adelantar a 2013 las elecciones presidenciales”, señaló el mandatario que confesó estar discutiendo el tema “con mi círculo más cercano”. Karzai es el único presidente que ha conocido Afganistán desde la caída del régimen talibán en 2001, pero tras dos victorias electorales (la última en 2009 marcada por el fraude), la Constitución le prohíbe presentarse a un tercer mandato. Este adelanto es interpretado por algunos sectores como el deseo del presidente de retirarse de la escena política ante el temor al estallido de una nueva guerra civil tras la salida internacional.

Soldados españoles en una shura en Ab Kamari (M.A)

La OTAN pisa el acelerador para que los afganos puedan ir ocupando cuanto antes el vacío que va dejando la salida progresiva de tropas. Un año después de su última visita  Rasmussen viajó a Kabul para fijar los pilares de la hoja de ruta para Afganistán que discutirá en Bruselas la próxima semana con los ministros de Exteriores y Defensa de la Alianza y posteriormente trasladará a la cumbre de Chicago de finales de mayo para consensuar la política del organismo a partir de 2014. La preparación “va por buen camino” y “los afganos son más fuertes y más capaces cada día”, aseguró el secretario general que además de entrevistarse con el presidente Hamid Karzai y con el comandante de la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad de Afganistán), John Allen, tuvo tiempo de acercarse a una base de las fuerzas especiales afganas próxima a Kabul. Estas unidades son ahora las responsables de las redadas nocturnas tras la firma del último acuerdo de transferencia de responsabilidades acordado a comienzos de semana.

Las fuerzas de seguridad afganas cuentan con 330.000 efectivos en estos momentos y para 2014 está previsto alcanzar los 352.000. Al mismo tiempo que Rasmussen visitaba Kabul, los ministros de Defensa e Interior afganos, Abdul Rahim Wardak y Bismila Khan Mohamadi, se encontraban en Washington negociando el futuro de su Ejército y Policía que tendrán que reducir sus efectivos a 230.000 debido al reajuste en las ayudas por parte de la comunidad internacional. Los números actuales se sostienen gracias a los cerca de diez billones de dólares que se inyectan en las arcas afganas, una cantidad que se verá mermada tras el repliegue.

Junto a la formación de las fuerza de seguridad, el diálogo con los talibanes es la segunda prioridad de Estados Unidos para intentar salir con la mayor dignidad de Afganistán. En estos momentos el proceso está suspendido por parte de los insurgentes que se retiraron de la mesa de negociación a mediados de marzo “hasta que EE.UU aclare su posición y cumpla sus promesas”. El número dos de la Embajada estadounidense en Kabul, James Cunningham, hizo un llamamiento para retomar el diálogo y recordó que “no estamos discutiendo un plan de paz, estamos tratando de abrir un proceso de negociación entre afganos”.