Año tras año los informes de la ONU sobre el cultivo del opio en Afganistán dejan clara la situación. Por primera vez desde 2008 el país asiático superará las 157.000 hectáreas, pero ya no importa porque 2014 está a la vuelta de la esquina y todos tienen prisa por salir cuanto antes. Cada vez que en los últimos  años he preguntado a un miembro de la OTAN sobre el opio me ha respondido que “es tema de los afganos” y que excede sus competencias. Todos unen insurgencia con narcotráfico, pero nadie le mete mano porque “es un tema afgano”. Tan afgano que tras la salida de las fuerzas extranjeras el país puede copar el 90 por ciento del mercado mundial de adormidera.

Británicos y estadounidenses han tenido bajo su control, o lo han intentado, las provincias de mayor producción. Helmand y Kandahar son el epicentro de la plantación de opio mundial y a la vez el lugar donde más bajas han sufrido ambos ejércitos. Alguien debería explicar cómo es posible este sobrecultivo en una zona totalmente militarizada, sometida a la vigilancia de aviones no tripulados y demás inventos occidentales que parecen no haber dedicado un minuto a frenar el tráfico del opio.

Esto no se les escapa a los afganos de a pie. Además de aumentar el consumo en el propio país, el rumor general es que la OTAN saca en aviones el opio del país en vuelos nocturnos. Un rumor que de tanto repetirlo se lo terminan creyendo y se transmite de unos a otros hasta formar una verdad incuestionable. A mí me lo confesaron “sin duda” en Lashkar Gah, capital de Helmand, en 2010 y cada vez que se escuchaba el motor de un avión me decían, “¿no lo oyes? Así cada día”. En esta provincia los millones que se iban a destinar a los programas de erradicación acabaron en los bolsillos de las autoridades en uno de los mayores fiascos sufridos por los británicos en la última década. Esta leyenda de los aviones nocturnos sirve también para el robo de las piedras preciosas, que para la inmensa mayoría también se lleva la OTAN.

Puestos a analizar los logros de la operación de la OTAN habría que destacar el hecho de sentar las bases para que un narco estado florezca en el corazón de Asia. Seguro que una vez consumada la retirada empezarán las condenas a Kabul por este asunto que ha sido una guerra perdida desde el comienzo.