TEHERÁN. El tradicional grito de guerra revolucionario que reza “¡muerte a Estados Unidos, muerte a Israel!” ha cambiado treinta años después de iniciar a escucharse en Irán. La ‘ola verde’ formada por los seguidores del candidato reformista Mir-Husein Mousavi, que han elegido el color verde como símbolo de su campaña, piden a gritos la muerte del actual presidente de la República Islámica y le llaman fascista sin importarles la presencia policial en los accesos a los mítines. Una ‘ola verde’ que a través de mensajes de texto e Internet está logrando movilizar cada día a miles de personas que tras cuatro años de fundamentalismo ven en el heredero de Jatami a la persona capaz de abrir una ventana al exterior.

“Es un auténtico demócrata y va a lograr el ansiado cambio”, señala Shabnam Mogahadami, una conocida actriz teatral que pide el voto para Mousavi y que sigue muy de cerca el papel activo de su esposa en la campaña, Zahra Rahnavard, que se ha convertido en pocos días en una especie de símbolo de los derechos que las mujeres podrán alcanzar en el Irán de Mousavi. “No nos engañemos, el cambio será mínimo, pero debemos ir paso a paso y, sobre todo, debemos dejar cuanto antes atrás al inculto de Ahmadineyad”, opina Mariam Ronaghi, diseñadora gráfica con un estudio en la capital. Su amiga Farideh, que le acompaña al mitin de la esposa de Mousavi que inaugura los actos reformistas previstos para la jornada, piensa que “es más un cambio en las formas, que en el fondo, pero es mejor que seguir con una persona que representa por sí sola todos los valores que odiamos los jóvenes iraníes”. Las dos amigas esperan impacientes la salida de Zahra Rahnavard del moderno centro cultural Arighe Iranian y desde allí piensan ir directamente al sur de la ciudad al acto masivo en un recinto al aire libre de la mítica calle Enqelab (revolución).

Dos iranes en uno
Una inmersión en la ‘ola verde’ muestra la cara de un país joven. La Policía de la moral que velaba por el buen uso del hyjab parece de descanso y no acude a la cita vespertina en el complejo deportivo Mártir Heidarnia, en el centro de Teherán, segunda parada del día para los seguidores de Mousavi. Las jóvenes lucen sin problemas maquillaje, pequeños pañuelos para taparse el pelo y atuendos estampados. Además del verde de los lazos y banderas, la gente viste en multicolor, con gafas de sol de diseño y ropa de marca. Dos chicos con prominentes tupés engominados y el pelo en cresta abordan a todo el que ven con una cámara para gritar “¡Votemos a Mousavi porque es más guapo que Ahmadineyad!”. Uno de los responsables de prensa del candidato reformista que sigue la escena a las puertas del recinto les llama la atención y explica que “el hyjab tiene diferentes formas y nuestra gente lo respeta, pero a su manera”.
Entre la multitud sorprende ver a una mujer como Zahra Ali Ouzat, viuda de un mártir de la guerra con Irak, vestida de riguroso chador y que votará por Mousavi “en recuerdo a mi marido y todos los caídos, nunca olvidaré que mientras duró la guerra fue la persona de confianza de Jomeini. Mi marido vino expresamente del frente para votar por él”. Este chador es el único que se ve además de los que lucen en público las mujeres de los principales políticos y hombres de negocios que respaldan a Mousavi y que ocupan las primeras filas en el acto.

La jornada fue absolutamente verde, los partidarios de Ahmadineyad disfrutaban de jornada de descanso y cedieron las calles a la oposición, pero fue cuestión de veinticuatro horas. El dirigente ultraconservador no quiere ser el primer presidente de la historia de la república islámica que no resulta reelegido y la lucha electoral promete ser hasta el final un reflejo de lo que se ve en las calles.