Brahim (30 años) y Jalid (27) Bakraoui son los dos últimos hermanos en sumarse a la larga lista de yihadistas unidos por lazos de sangre y de armas. Fueron los dos primeros miembros del comando que actuó el lunes en Bruselas identificados por las autoridades y les acusan de haberse inmolado en el aeropuerto internacional Zaventem y en la estación de metro de Maelbeek. Los yihadistas emplean muchas veces la palabra “hermano” en sus comunicados a la hora de referirse a los responsables de ejecutar distintas operaciones, pero un repaso de atentados ocurridos desde el 11 de Septiembre de 2001 revela que es más que una simple fórmula.

_88909832_032129731-1

Desde Nueva York a Bruselas, pasando por Madrid (2004), Toulouse (2012), Boston (2013) y París (enero y noviembre de 2015), los ataques más importantes de Al Qaeda y el grupo yihadista Estado Islámico (EI) han contado con hermanos de sangre entre sus responsables. En los últimos quince años de operaciones yihadistas en Occidente han variado los motivos o justificaciones esgrimidas por los autores para reivindicar sus acciones, pero se mantiene la importancia de la confianza en los seres más próximos a la hora de poder ejecutar un atentado, algo que también es importante para quienes deciden viajar a Siria o Irak para enrolarse en la guerra santa. “El reclutamiento se realiza prácticamente entre colegas. Lo que importan son la amistad y el parentesco, mucho más que la religión o cualquier otro aspecto. Es un fenómeno de grupo”, opina Rij Coolsaet, experto en yihadismo belga consultado por el diario británico The Guardian tras los ataques de noviembre en París en los que 130 personas perdieron la vida.

En el 11S en Nueva York, seis de los 19 miembros de Al Qaeda eran hermanos. Wail (28 años) y Waleed (23) volaron juntos en el vuelo 11 de American Airlines, el primero de los cuatro aparatos secuestrados por los hombres de Osama Bin Laden. Hamza (21) y Ahmed (22) Al Ghamdi, iban en el vuelo 175 de United Airlines que impactó contra la Torre Sur del World Trade Center, mientras que Nawaz (25) y Salem (20) Al Hazmi lo hicieron en el vuelo 77 de American Airlines que impactó en el Pentágono. Todos eran de origen saudí y la mayoría contaba con experiencia en Afganistán o Chechenia. La familia fue una de las claves para mantener la operación en secreto.

Cuando el terror yihadista cruzó el charco y golpeó en Madrid tres años más tarde, la investigación reveló la implicación de los Oulad Akcha en los atentados del 11M. Cinco hermanos de esta familia originaria de Tetuán (Marruecos) estuvieron implicados en mayor o menor medida, sobre todo Rachid (33 años) y Mohamed (29), que se inmolaron en Leganés tras ser localizados por las fuerzas de seguridad. Según la Policía, fueron responsables de la obtención de explosivos y de la preparación de las bombas que mataron a 193 personas.

Ocho años más tarde, en Toulouse, el ciudadano francés Mohamed Merah (24 años), con experiencia en Pakistán y Afganistán, mató a tres soldados y a tres niños y un rabino en una escuela judía. Mohamed fue abatido por las fuerzas de seguridad y a los pocos días su hermano Abdeljader, que ahora tiene 33 años, fue arrestado. Después de una investigación que ha durado cuatro años, la semana pasada el fiscal de París anunció que será enviado a la corte especial anti terrorista. Se enfrenta a una pena de cadena perpetua por su complicidad con los ataques de su hermano menor.

Con y sin conexiones con grupos

La importancia de los lazos familiares directos volvió a quedar clara en Boston cuando los hermanos Tsarnaev colocaron y detonaron las bombas que estallaron en la meta del maratón de la ciudad estadounidense en 2013. Dzhokar (19 años) y Tamerlan (27), de origen checheno y que llegaron al país como refugiados, mataron a 3 personas e hirieron a casi 300. La investigación reveló que, a diferencia de otros atentados, en este caso actuaron en solitario. Según el FBI los dos hermanos “no tenían contactos con grupos terroristas nacionales o extranjeros”. Tamerlan murió en el enfrentamiento con la Policía cuando trataban de escapar, Dzhokar sobrevivió y en junio de 2015 fue condenado a muerte tras un juicio en el que confesó haber actuado “por motivos religiosos y movido por el rechazo a las guerras de Estados Unidos en Irak y Afganistán”.

Como los Tsarnaev, los hermanos Kouachi también decidieron actuar juntos, aunque en su caso para vengar las caricaturas del Profeta publicadas por el semanario francés Charlie Hebdo. El 7 de enero de 2015, Cherif (32 años) y Said (34) entraron a punta de pistola en la redacción de la revista satírica. “¡Hemos vengado al Profeta Mahoma!”, gritaron al salir y emprender la huida tras matar a 12 personas. Dos días más tarde fueron abatidos por la policía en la localidad de Dammartin-en-Goële, unos 35 kilómetros al noreste de la capital, tras resistir atrincherados durante varias horas. Después se supo que al menos uno de ellos viajó a Yemen en julio de 2011 donde tuvo contacto directo con el ciberpredicador estadounidense yemení Anwar Al Awlaki. Tras el ataque a Charlie Hebdo el comandante de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) Naser bin Alí al Ansi aseguró en un mensaje de vídeo que su grupo “eligió el objetivo, planificó la operación y la financió” para cumplir las órdenes del líder, Ayman Al Zawahiri.

Este fenómeno de hermanos de sangre y de armas es lo que Marc Sageman, psiquiatra y ex agente de la CIA, califica de “activación de la identidad social”.  En declaraciones ofrecidas a la agencia AFP, Sageman explica que “se trata de una cuestión de proximidad. Es por ello que hay en los grupos yihadistas tantos hermanos, a veces hermanas, y amigos de barrio. Crecieron juntos, se inventan una identidad de un islam agredido, de mujeres y niños muertos en bombardeos. Se radicalizan, se reconfortan los unos a los otros”.

De París a Bruselas

París volvió a estar en el punto de mira de la yihad, pero en noviembre fue el turno para jóvenes inspirados por el califa Abu Baker Al Bagdadi, líder del EI, jóvenes del barrio de Molenbeeck en Bruselas, lugar convertido en centro de operaciones yihadistas. En el comando que cometió seis ataques en un margen de tres horas y mató a 137 personas en las calles de la capital francesa, el peor atentado de la historia de Francia, estaban los hermanos Abdeslam. Brahim (31 años) se inmoló en el restaurante Comptoir Voltaire, su hermano menor, Salah, de 26, huyó de la capital francesa y durante cuatro meses fue el hombre más buscado de Europa. La Policía llegó a pensar que había conseguido huir a Turquía o Siria, pero fue detenido la semana pasada a escasos metros de su casa, en Molenbeek. El fiscal federal belga, Frederic Van Leeuw, aseguró que Salah había logrado permanecer tanto tiempo huido “gracias a la solidaridad de sus vecinos y su familia”. Cuatro días después de su detención Brahim y Jalid  Bakraoui recogieron el testigo de los Abdeslam y se inmolaron en Bruselas manteniendo la saga de los “hermanos de yihad”.

*Crónica publicada en los diarios de Vocento el 24-03-2016