“¡Esto no es Europa!” Miembros del basij (milicia de voluntarios islamista) irrumpen en medio de una fiesta nocturna  y detienen a todos los jóvenes allí presentes. A golpes y patadas les meten en un autobús y se los llevan a prisión. Es el final de una noche de música disco, baile y bebidas, es el final de una de las fiestas clandestinas que celebran los jóvenes teheraníes desafiando a sus autoridades. El personaje encarnado por la actriz Marzieh Vafamehr sigue la detención desde un cobertizo próximo donde estaba con su pareja y no puede creerse lo que está viendo. Cuatro años después de protagonizar esta película titulada ‘My Tehran for Sale’ (Mi Teherán en venta), Vafamehr se enfrenta noventa latigazos, algo similar a lo que sufrieron sus compañeros de ficción por tomar parte en la fiesta, y se dispone a pasar un año en prisión por su papel en la cinta, según denunció su marido, el también actor Naser Taghvai, a la web opositora Kalemeh.  Taghvai asegura que su esposa fue detenida a finales de junio junto a otros actores que toman parte en la película, pero que es la única que será castigada. Según su marido, la actriz está en la cárcel de Garchak, en la provincia de Teherán, un antiguo gallinero que no reúne las mínimas condiciones de habitabilidad.

La primera película de la directora y poetisa irano australiana Granaz Mousavi fue su trabajo de tesis doctoral y muestra la cara oculta de Irán, esa que todos conocen, pero guardan celosamente detrás de los muros, paredes y cortinas de sus casas. Es el Irán urbanita donde los jóvenes con gustos occidentales distan mucho de los píos basiyíes que las autoridades se empeñan en vender al exterior como hijos perfectos de la revolución de Jomeini. En ‘My Tehran for Sale’ se fuma opio, la protagonista muestra su cabeza rapada sin cubrirse con el velo obligatorio en muchos momentos y se critica con dureza la censura que sufren los artistas y que les obliga a emigrar en muchos casos. Es una película realista que, según su director y productores, obtuvo todos los permisos del Ministerio de Cultura y Guía Islámica en el momento de la grabación. Como gran parte del cine iraní, cosechó éxitos lejos de sus fronteras en festivales como el de Toronto, pero no obtuvo el permiso de difusión en cines nacionales. Por eso se distribuye de forma clandestina en mercados callejeros junto a todo tipo de cine que no pasa la férrea censura del régimen. “Antes se vendía a 12 mil riales (más de un dólar) y ahora, debido al proceso, se vende a 70 mil riales (seis dólares)”, declaró a la web Kalemeh el marido de la protagonista que ha pedido al abogado de la familia que eleve un recurso ante una instancia superior para intentar poner fin a una detención.

Las autoridades islámicas mantienen abierta su ofensiva contra el mundo del cine, sobre todo tras el estallido revolucionario posterior a las elecciones de 2009. El mes pasado seis directores de cine y documentales (Mohsen Shahrnazdar, Hadi Afarideh, Katayoun Shahabi, Naser Safarian, Shahnam Bazdar y Mojtaba Mir Tahmaseb) fueron detenidos bajo la acusación de colaborar con la versión en farsi del canal BBC. Pero el caso más célebre es el del premiado director Jafar Panahi, condenado a seis años de prisión y una prohibición de trabajo en su país de veinte.

 

Las autoridades islámicas no se han pronunciado sobre el caso de  Vafamehr. La prensa nacional, incluidos los medios reformistas, tampoco se han hecho demasiado eco de una noticia que tiene todos los ingredientes para convertirse en un nuevo caballo de batalla de Occidente contra el régimen de Teherán. La crisis económica, las fisuras en la cúpula del régimen con un presidente Mahmoud Ahmadineyad cada vez más en el punto de mira del clero y la ampliación de las sanciones de la Unión Europea, en cuya lista negra se han incluido tres ministros del actual gobierno, ocupan la actualidad en un país que sigue sin recuperarse de las heridas internas provocadas por las últimas elecciones.