En menos de una semana el presidente de la empresa de telefonía Orange, Stephane Richard, ha pasado de decir que si su contrato lo permitiera “dejaría mañana” de operar en Israel, a tener que viajar a Jerusalén para “aclarar la confusión creada” por sus palabras. Orange trabaja en Israel a través de la empresa Partner Communications, que controla el 28 por ciento del mercado de telefonía móvil y da servicio en los territorios ocupados. Esto provoca las críticas del movimiento internacional BDS (que responde a las siglas de boicot, desinversión y sanciones) que presiona a Orange para que deje de prestar servicios en unas colonias que la legislación internacional considera ilegales. Las autoridades judías se han visto obligadas a mover ficha y califican este boicot de “ilegítimo”, “ataque a Israel” o “antisemita”. El primer ministro Benyamin Netanyahu pidió al Eliseo, que posee el 13,45 por ciento de Orange, que no recibiera a Richard, quería que el responsable de la empresa viajara en persona a Israel para pedir disculpas y lo consiguió. Richard tuvo que retirar palabra por palabra lo anunciado en una conferencia en Egipto, rechazar “cualquier tipo de boicot a Israel” y lamentar “profundamente el impacto que ha tenido el sacar de contexto mis declaraciones”.

Los activistas del BDS consideran que el capítulo de Orange es un logro de una batalla que iniciaron hace diez años, después de que la Corte de Justicia Internacional decretara que “Israel tiene la obligación de poner fin a la violación de sus obligaciones internacionales derivada de la construcción del muro en los Territorios Ocupados palestinos”. Una sentencia que, como otras resoluciones de la ONU, el estado judío ignora. Omar Barghouti, el cofundador de BDS, ha asegurado a lo largo de la semana que después de este tiempo empiezan a recoger frutos y que, tras el episodio de Orange, estamos “en el inicio de la victoria, no tomamos en serio las palabras de Richard, lo que nos tomamos en serio son sus actos. Vamos a seguir protestando contra Orange hasta que la compañía suspenda su acuerdo con Partner Communications”, según declaraciones a la cadena CNN.

A los pocos días de saltar la polémica de la compañía telefónica la aseguradora noruega KLP anunció su decisión de retirar su capital de las empresas constructoras Heidelberg Cement y Cemex “por la explotación que realizan de los recursos de los territorios ocupados en Cisjordania, una actividad que supone un riesgo inaceptable de violación de las normas éticas fundamentales”, según reveló el diario Haaretz. A la decisión del gigantea noruego de los seguros le podría seguir la nueva medida que estudia la Comisión Europea para exigir a Israel la creación de un etiquetado especial para los productos procedentes de asentamientos, que hasta ahora se venden de forma habitual sin diferenciar de los producidos al otro lado del muro.

Según el Artículo 49 de la Cuarta Convención de Ginebra y al Estatuto de Roma todas las colonias son un “crimen de guerra”, pero Israel sigue construyendo de forma ilegal más allá de la “Línea verde”, la frontera reconocida internacionalmente desde 1967, ante la pasividad de la comunidad internacional. Más de 250.000 israelíes viven en barrios judíos levantados en zonas ocupadas de Jerusalén Este que fueron anexionadas al territorio municipal de la ciudad y otros 300.000 lo hacen en las más de cien colonias que pueblan Cisjordania.

De Irán al BDS

El BDS se ha reforzado y extendido por todo el mundo gracias al apoyo de miles de seguidores en las redes sociales que comparten su idea central de presionar a Israel “hasta que cumpla con la legislación internacional”. El movimiento persigue “el final de la ocupación y colonización de las tierras ocupadas en 1967 y el desmantelamiento del muro, el reconocimiento de los derechos de los árabes israelíes como ciudadanos de pleno derecho y el respeto, protección y apoyo al derecho al retorno de los refugiados palestinos como estipula la resolución 194 de Naciones Unidas”, tal y como recoge la web oficial. Tres objetivos que afectan a todos los palestinos y que superan las barreras impuestas por las luchas internas de poder entre Hamás y Fatah y la división física impuesta por Israel entre Gaza y Cisjordania.

Benyamin Netanyahu califica al “Irán nuclear”, que nacerá tras el acuerdo que a finales de mes puede firmar la república islámica con Estados Unidos, y al BDS como “los mayores desafíos a nivel internacional” para el país. “La era de Irán acaba y entramos en la del BDS”, afirma con rotundidad el columnista del diario Haaretz, Peter Beinart, para quien “ofrece a los activista la oportunidad de evitar a su clase política dividida, corrupta y inefectiva y coger en sus manos todo el peso de la lucha contra Israel”.

Ante la dimensión que adquiere esta nueva amenaza el periódico con mayor circulación de Israel, Yedioth Ahronoth, ha lanzado una campaña informativa para combatir al BDS. “Este movimiento está ganando la batalla por las mentes y los corazones, según el columnista Drior Yemini, quien asegura que “los que dicen que el BDS no ha afectado a la economía israelí tienen razón. Por ahora. El problema es que BDS lucha por las mentes y corazones en los campus, sindicatos, medios de comunicación… Y ha logrado alarmantes progresos”.

 

Palestinos e israelíes

El movimiento cuenta con un comité central en Ramala, que coordina las actividades de las decenas de organizaciones palestinas que se han sumado a la iniciativa, y cuenta también con una cara israelí al otro lado del muro de la mano de Boycott from Within (Boicot desde dentro). El fundador de este grupo es el activista Ronnie Barkan, que actualmente vive en Italia, y a comienzos de semana concedió una entrevista al canal israelí Ynet que no pudo concluir porque el presentador decidió terminarla de forma abrupta cuando Barkan comparó Israel con la Sudáfrica del Apartheid y calificó al país de “estado criminal que viola la ley internacional”.

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Además del lado económico –donde el centro de la campaña persigue a los productos y negocios que tengan relación con los territorios ocupados-, BDS también llama al boicot de todas las actividades culturales de artistas israelíes en el extranjero que estén promovidas por las instituciones públicas y se sumó a las protestas ante la FIFA para pedir la suspensión de los equipos israelíes de las competiciones internacionales. La decisión a última hora de la Federación Palestina de Fútbol de retirar la votación sobre la suspensión a Israel –basada entre otros puntos en la participación de cinco equipos de las colonias en las ligas domésticas- provocó las críticas de los activistas a las autoridades de Ramala ante quienes mostraron su “decepción”. BDS emitió una nota en la que recogieron que “la FIFA y sus miembros han retrasado la suspensión de Israel, pero no pueden retrasar el crecimiento del boicot internacional o impedir su creciente aislamiento por sus abusos de los derechos humanos y sus crímenes de guerra contra el pueblo palestino”. La campaña crece e Israel empieza a tomar medidas para contrarrestar sus efectos.

*Artículo publicado en los diarios de Vocento el 14 de junio de 2015