DAMASCO. Un reportaje publicado por Le Monde reabre el debate sobre el uso de armas químicas en siria. El mismo dia que la Unión Europea ha decidido seguir las tesis de Francia y Reino Unido y levantar el embargo de armas a la oposciónn, el diario francés recoge el testimonio de dos reporteros que se empotraron durante semanas con una brigada rebelde a las puertas de Damasco y narran con detalle los ataques  con gases tóxicos por parte del Ejército durante el mes de abril.

Normalidad en el cntro de Damasco, a apenas unos minutos en coche de Jobar. (M.A)

y Laurent Van der Stockt trabajaron en Jobar, la posición más avanzada de los rebeldes en la capital, prácticamente a menos de un kilómetro de la plaza de Abaseen. Un lugar bajo control de la oposición armada cuyos accesos están bloqueados por las fuerzas de seguridad. Tras los ataques de los hombres de Bashar Al Assad los reporteros notaron entre los milicianos que les acompañaban “toses violentas, escozor en los ojos, pupilas retraídas hasta oscurecer la visión y posteriormente graves dificultades respiratiorias y vómitos”. Síntomas relatados también por los médicos consultados durante sus días sobre el terreno y que expertos consultados por el diario francés aseguran que apunta al uso de gas Sarín. Un uso que en Jobar se realizaría en “pequeñas dosis” para no expandir sus efectos a los barrios vecinos de Damasco que permanecen bajo control.

Las fuerzas sirias poseen un importante arsenal de este tipo de armas cuyo uso es considerado una línea roja por estados unidos. Por su parte, el régimen acusa al Ejército Sirio Libre de utilizar igualmente armas químicas. Hasta el momento ha sido imposible comprobar de forma independiente si alguno de los dos bandos ha empleado este arsenal, pero los reporteros de Le Monde han sido quienes más cerca han estado de verificarlo. En una situación normal se llegaría a Jobar en apenas quince minutos en taxi desde el centro de la capital donde me encuentro, pero ahora mismo es como viajar a otro planeta, un trayecto imposible hacia lo más profundo de una guerra que desde el centro de Damasco se escucha, pero no se vive en primera persona.