El poder militar de Rusia en Siria se traduce también en el plano diplomático y es Moscú quien marca la agenda en el conflicto a través de las cumbres que se celebran en Astaná. Representantes de Rusia e Irán, aliados del Gobierno de Damasco, y de Turquía, principal apoyo de la oposición, firmaron un memorando para la creación de cuatro “zonas de seguridad” para intentar consolidar un alto el fuego que no termina de respetarse. Un “paso correcto para el cese de las hostilidades”, según el enviado a Siria de la ONU, Staffan de Mistura, que, sin embargo, no contó con el visto bueno de la oposición armada que protestó a gritos en la sala de reuniones y no firmó el documento porque “queremos que Siria mantenga su integridad”, según el delegado opositor Usama Abu Zaid.

Aunque no se ofrecieron las coordenadas concretas, los lugares elegidos para establecer estas “áreas de distensión” se sitúan en la provincia de Idlib, bajo control total de la oposición, al norte de la ciudad de Homs, en Guta Oriental (cinturón rural de Damasco) y en la frontera con Jordania, al sur del país. Tampoco se desvelaron detalles de las medidas concretas que se llevarán a cabo, pero se adelantó que estas zonas contarán con puestos de control y centros de supervisión, tanto del ejército sirio como de la oposición armada, y no se descartó tampoco el despliegue de unidades militares de “observadores” de países extranjeros. En los siete años de guerra en Siria ya se desplegaron misiones de observación tanto de la Liga Árabe como de la ONU, pero fueron un fracaso. Fuentes rusas adelantaron que sus aviones detendrían también los bombardeos en estos lugares “si los grupos armados suspenden sus actividades”.

Apoyo de Trump

Las “zonas de seguridad” son un paso más logrado gracias a las cumbres internacionales en la capital kazaja, que se celebran de forma paralela al proceso apadrinado por la ONU en Ginebra. A comienzos de semana el presidente ruso, Vladimir Putin, adelantó por teléfono a su homónimo estadounidense, Donald Trump, su plan para “una gran pacificación” de Siria, y tras reunirse con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, logró que saliera adelante en Astaná. El propio Erdogan consideró que las zonas de distensión permitirán resolver el conflicto al “50 por ciento”.

El negociador ruso, Alexander Lavrentyev, aseguró que su país está dispuesto a una “colaboración más estrecha” con Estados Unidos y Arabia Saudí y presentó estas “zonas de distensión” como la mejor solución para intentar separar a la llamada oposición moderada de grupos como el Estado Islámico o el Frente Fatah Al Sham, brazo de Al Qaeda en Siria. “En caso de una implementación correcta puede dar lugar a cambios fundamentales”, afirmó el jefe de la delegación enviada por el Gobierno iraní, Hossein Jaberi Ansari. La firma iraní fue uno de los motivos de mayor enfado para los opositores que antes de abandonar Astaná señalaron que “nunca estaremos a favor de un documento en el que figure como ‘Estado garante’” la república islámica, según la agencia Reuters.